El 2017 fue un año que quedará grabado en la memoria de todos los aficionados del Girona. Después de décadas de altibajos y luchas en las categorías inferiores del fútbol español, el equipo finalmente logró el tan ansiado ascenso a La Liga. Bajo la dirección del entrenador Pablo Machín, el club se propuso no solo ascender, sino también hacerlo de una manera que reflejara su identidad blanquivermella.

La temporada 2016-2017 comenzó con una mezcla de expectativas y presión. Girona había demostrado ser un equipo competitivo en la Segunda División, pero las dudas sobre si podían mantener ese nivel en la máxima categoría siempre estaban presentes. Sin embargo, el equipo se unió con un propósito claro: dejar una huella en la historia del fútbol español. La alineación contaba con jugadores clave como Cristhian Stuani, que se convirtió en un pilar fundamental en el ataque, y una defensa sólida liderada por la experiencia de jugadores como Juanpe y Alcaraz.

El camino hacia el ascenso no fue fácil. A medida que avanzaba la temporada, Girona tuvo que enfrentarse a adversidades, incluyendo lesiones y partidos difíciles. Sin embargo, la resiliencia del equipo fue admirable. En momentos clave, los blanquivermells se levantaron, mostrando un espíritu combativo que resonaba en la afición. Cada victoria era celebrada como un triunfo colectivo, y cada partido en Montilivi se transformaba en una fiesta donde los aficionados vibraban al compás del equipo.

El punto culminante llegó el 29 de abril de 2017, cuando Girona se enfrentó al Real Oviedo en un partido que definiría su destino. Con una atmósfera electrizante en el estadio, los aficionados llenaron las gradas, apoyando incondicionalmente a su equipo. El partido fue una batalla intensa, pero al final, el Girona logró un empate que los colocó en una posición inmejorable para alcanzar el ascenso. El júbilo estalló en las gradas; la promesa de un futuro en La Liga se hacía tangible.

Finalmente, el 6 de mayo de 2017, el Girona logró su objetivo con una victoria ante el Getafe. Casi un siglo de historia se resumía en ese momento; la ciudad de Girona y sus aficionados finalmente podían celebrar el ascenso a la elite del fútbol español. La imagen de los jugadores abrazándose en el campo, rodeados de aficionados eufóricos, se ha convertido en un símbolo de lo que significa ser parte de esta comunidad blanquivermella.

Ese ascenso no solo transformó al Girona en un club de La Liga, sino que también unió a la ciudad. La comunidad se volcó en apoyar a su equipo, creando un ambiente único que continúa siendo parte de la cultura local. Desde entonces, cada temporada en La Liga ha sido una oportunidad para demostrar que Girona pertenece a esta categoría, y aunque los desafíos son constantes, la pasión de su afición sigue siendo un motor inquebrantable.

El ascenso de 2017 no fue solo un capítulo en la historia del Girona, sino un testimonio del poder del trabajo en equipo, la perseverancia y la indomable pasión de una ciudad por su club. Hoy, cuando los aficionados ven a su equipo competir en la élite del fútbol español, saben que ese momento histórico fue el resultado de años de esfuerzo y dedicación que han forjado la identidad del Girona como uno de los clubes más emocionantes de España.